
En medio de una zona urbana de Cancún, lejos del brillo de la zona hotelera, se encuentra el parque integral “El Mar”, ubicado en la Región 94. Este espacio, que alguna vez fue diseñado para el entretenimiento familiar, hoy es un claro ejemplo del abandono urbano y la falta de mantenimiento en áreas públicas.
Inaugurado alrededor de 2010, el parque contaba con instalaciones modernas, juegos infantiles, áreas recreativas y espacios pensados para la convivencia social. Durante sus primeros años, fue un punto de reunión importante para familias de la zona, donde niños y jóvenes podían disfrutar de actividades al aire libre.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el mantenimiento del parque comenzó a disminuir. Factores como la falta de recursos, el descuido institucional y el impacto de la pandemia contribuyeron a su deterioro progresivo. Actualmente, el parque presenta maleza crecida, juegos oxidados, basura acumulada y estructuras dañadas.
Uno de los principales problemas derivados del abandono es la inseguridad. Espacios como este suelen ser utilizados como escondites o puntos de reunión para actividades ilícitas, lo que provoca que las familias dejen de frecuentarlos. Según reportes, la vegetación crecida facilita que personas se oculten, aumentando el riesgo para los habitantes cercanos. 
El caso del parque “El Mar” refleja una problemática urbana más amplia en Cancún: la dificultad para mantener espacios públicos en buen estado. Aunque la ciudad continúa creciendo, no siempre se garantiza el cuidado de las infraestructuras existentes, lo que genera zonas deterioradas dentro del entorno urbano.
A pesar de su estado actual, este parque aún tiene potencial para ser recuperado. Proyectos de rehabilitación podrían devolverle su función original como espacio comunitario. De hecho, en los últimos años se han impulsado iniciativas para rescatar inmuebles abandonados en la ciudad, buscando mejorar la imagen urbana y la seguridad. 
El parque “El Mar” es un recordatorio de cómo el abandono no solo afecta edificios, sino también la calidad de vida de las comunidades. Su recuperación no solo implicaría restaurar un espacio físico, sino también reconstruir el tejido social de la zona.